Arte floral japones

Historia del arte floral japones

El Ikebana es el arte floral japonés. Proviene de una antigua tradición que tenían los budistas chinos de hacer ofrendas florales a Buda.

Fue durante el s. VI en el que los misioneros chinos que se fueron a Japón dieron a conocer este arte. A partir de entonces y hasta el s. XV el Ikebana mantuvo su condición de ofrenda divina, llegó un momento en el que perdió sus connotaciones religiosas.

Pero hasta ese momento el ikebana dio muchas vueltas. En un principio dicha acto consistía en una sencilla ofrenda floral (incluso a veces sólo se ofrendaban sólo los pétalos, como por ejemplo en la India).

No fue hasta el s.X, durante el cual en Japón se empezó a embellecer un poco dicha ofrenda, y se incluyeron elementos como recipientes y demás.

El Ikebana se basa en la armonía de una simple construcción lineal y la inclusión de flores o elementos que nos puede ofrecer la propia naturaleza. A lo largo de los siglos, ha habido multitud de escuelas de Ikebana, todas ellas con sus características y sus manías.

PRINCIPIOS DEL IKEBANA
El atractivo para nosotros consiste en el contraste con nuestra propia tradición de arreglos florales. Frente al principio de simetría que aquí lo rige todo, la tradición japonesa predica la búsqueda de la armonía y del equilibrio a través de la asimetría. Y contra nuestra concepción de vitalidad y riqueza por acumulación de elementos, el ikebana prefiere la simplicidad refinada, que organiza de modo que produzca una sensación de volumen y relieve.

1. RESPETAR LA NATURALEZA, TRATAR DE IMITARLA
Una reproducción fiel de la naturaleza es imposible, por lo tanto la armonía depende del grado de imaginación del autor. Ikebana es creación, no es copia.

2. ELECCIÓN DE LA FORMA
El Ikebana puede muy bien compararse con las acuarelas japonesas. En éstas todos los trazos son finos, hay grandes espacios en blanco, y pocos colores que armonizan fielmente. En Ikebana, usamos pocas ramas que son como líneas, Grandes espacios en blanco y procuramos emplear asimismo pocos colores.
Unidas esas ramas, el arreglo floral cobra volumen y los distintos planos que van conformando cada una de las líneas que le dan profundidad. Así como en la composición de un cuadro el artista busca que todos los factores que lo componen mantengan un equilibrio, también en Ikebana buscamos oponer a una pequeña masa de color fuerte, una gran masa de color claro o bien la equilibramos con un amplio espacio libre de ramas.
En Ikebana como en el dibujo, el artista expone su pensamiento, vuelca su yo. Se debe estudiar el ambiente a decorar, no sólo en lo que respecta a muebles y cortinados sino al clima espiritual que se debe sugerir. Para grandes reuniones, mazos imponentes de grandes ramas —floridas o no—; no es tanta la importancia de la flor en si como la gravitación de Ia línea dada por la rama.
Para rincones quietos, la calma, la sobriedad de un arreglo perfectamente equilibrado, la mística verticalidad para decorar un altar o un rincón de retiro, la coqueta y diáfana composición para una habitación familiar. Evidentemente, toda composición horizontal nos sugiere una idea de paz y tranquilidad; las ramas oblicuas nos sugieren dinamismo, fuerza, movimiento.
Y toda rama colocada verticalmente comunica al arreglo una sensación de dignidad y sublime misticismo.
La combinación de estos tres movimientos, lejos de anularse, refuerza su significado.

3. ELECCIÓN DEL COLOR
Primitivamente se usaban mucho las ramas y hojas, razón por la cual prevalecía el color verde. Con la introducción del empleo de las flores, se hizo necesaria la selección de colores.
En primer lugar ha de considerarse si el ambiente a decorar será oscuro o estará bien iluminado. Recordaremos que el blanco, el gris y el negro reflejan en mayor o menor grado la luz. Por lo tanto en habitaciones no muy bien iluminadas conviene utilizar decoraciones en las que predomine el blanco, que es el que refleja toda la luz que recibe.
En las habitaciones bien iluminadas podemos permitirnos el uso de cualquier color, pero hay que recordar algunos principios elementales del color, para no incurrir en errores de combinación.
Sabemos que hay tres colores primarios que son el rojo, el amarillo y el azul. Mezclando los colores primarios, se obtienen los llamados colores secundarios,