Los narcisos

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HOJAS DE LA PODA
Puesto que los narcisos florecen y crecen mejor si se dejan las hojas en la planta, conviene cogerlos sin ellas. Por ese motivo, en las floristerías y mercados de flores se venden habitualmente sin hojas. (Los primeros narcisos que están a la venta, aproximadamente a comienzos del invierno, son por lo general, flores que han sido forzadas en su crecimiento; suelen venderse con las hojas pues sus bulbos carecen ya de valor.) Pero aun sin hojas, colocados por ejemplo, en una caja uno muy junto al otro y en grandes cantidades, quedan muy bonitos. Y si se desea confeccionar un arreglo floral algo más suelto, basta con agregar algunas hojas verdes procedentes de otras plantas. No hay que apresurarse a realizar la poda; es mejor esperar el momento en el que las hojas y las ramas podadas puedan favorecer a algún arreglo floral. Las de grosella, en especial, quedan muy bonitas acompañando a los tiesos narcisos.
Si los narcisos de su jardín o los comprados en la floristería tienen los pedúnculos demasiados largos y conservan aún la parte blanca inferior, córtela y deje solamente las partes completamente verdes, pues ello dificulta el paso del agua. También es conveniente que enjuague la sabia almibarada que contengan dado que resultaría poco beneficioso para las demás plantas del arreglo floral absorberla.
Ya en la poesía antigua se cantaban alabanzas a los narcisos. En la época de Shakespeare, por ejemplo, sólo se conocían unas veinte variedades de esta flor. En 1629 había ya alrededor de sesenta y cuando, en 1908, la Royal Horticultural Society (Real Sociedad de Horticultores) confeccionó una lista de las variedades conocidas, ¡la cifra se había elevado a ocho mil! Hoy, a pesar de que cuatro mil de ellas ya no se cultivan, existen más de diez mil nombres en la “Lista Clasificada y Registro Internacional de Variedades de Narcisos”, publicada por la Royal Horticultural Society en colaboración con la Real Asociación para el cultivo de bulbos florales, en Holanda. Por su parte, los cultivadores privados pueden escoger entre quinientas variedades tales como el fantástico narciso con forma de orquídea, y la variedad “Spellbinder”, de color verde esmeralda.

Y HOJAS VETEADAS
El aro silvestre o flor de la primavera (Arum italicum) es una planta muy apreciada por los floricultores, debido a que tiene la peculiar propiedad de tener en otoño una hoja particularmente bonita que se mantiene en perfectas condiciones durante todo el invierno, incluso a pesar de las heladas nocturnas. Y, lo que es más, no requiere demasiadas exigencias y crece muy bien aún bajo la sombra de un tronco, adornando el suelo con hojas frescas y brillantes durante todo el invierno. Así, éstas, están siempre disponibles para realizar algún arreglo floral. Conviene elegir, para los ramos, la variedad Arum italicum “Pictum”, cuya hoja forma un dibujo veteado de color blanco.
A medida que pasa el tiempo, quien comenzó con un puñado de tubérculos de color blanco no tiene necesidad de ser ahorrativo a la hora de coger las plantas, ya que el aro se reproduce muy rápidamente. En primavera, esta planta desarrolla unas delicadas flores de color crema; en verano, sus hojas desaparecen y aparecen los espádices con bayas de color anaranjado intenso. Estas frutitas no son comestibles y se debe advertir especialmente a los niños del peligro de su ingestión; pero son realmente muy bonitas y resulta muy agradable observar los erguidos aros que destacan del fondo oscuro del suelo. Esta es, por sí sola, razón suficiente para dedicar al Arum un puesto de honor en nuestro jardín, aunque sea en la sombra.
Quien haya tenido la idea de obtener una planta de aro silvestre de los espádices de semillas que puede haber encontrado en un ramillete comprado en la floristería, lamentablemente no habrá obtenido ningún resultado pues las semillas tienen un período de germinación muy corto y se deben cultivar casi inmediatamente después de quitarse de la planta. Lo mejor, para lograrlo, es adquirir algunos tubérculos o pedírselos a algún amigo que tenga bonitos ejemplares de aro silvestre, se pueden trasplantar prácticamente en cualquier época del año y crecen a sus anchas aun en suelos arcillosos. Las hojas del aro silvestre duran en agua durante semanas, y por lo tanto, se pueden utilizar más de una vez en diferentes arreglos florales. Estas hojas pueden soportar perfectamente un largo viaje. En una ocasión encontré un ramillete de ellas que había quedado en una canasta durante varios días, por supuesto sin agua; coloqué las hojas en un recipiente con agua e inmediatamente revivieron.
Para insertar estas hojas en gomaespuma húmeda, es mejor reforzar los pedúnculos con alambre, ya que no son muy resistentes. Hágalo con cuidado porque suelen estropearse con mucha facilidad. Antes de introducir los tallos, agujerear el bloque de gomaespuma con una aguja de tejer o con un lápiz, según el grosor de aquellos.

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