Arreglos frutales

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PLANTAS FRUTALES TREPADORAS
Quisiera dedicar un pequeño párrafo al kiwi, el fruto de la Actinidia chinensis, muy rico en vitaminas y cuyo interior es precioso con su color verde y sus redondas semillas negras; esta planta de grandes hojas vellosas y ramas marrones también vellosas crece vigorosamente; da unas flores de forma aplanada, muy diferentes a las de todas las demás especies frutales trepadoras, que crecen en ramilletes de color albaricoque muy suave. Usted sólo podrá obtener frutos si tiene el cuidado de plantar una planta masculina por cada tres femeninas.
Mucho menos exótica que el kiwi, pero ciertamente una especie a la que hay que estar muy agradecido, es la uva de exteriores, que no necesita madurar en invernadero: comprende las clases “Witte van der Laan” y la de color azul “Rembrandt” o “Gloria de Boskoop”.
Los racimos pequeños y compactos tienen un sabor agrio… y evidentemente los pájaros piensan lo mismo.
La zarzamora (Rubus ulmifolius) proporciona un enorme placer, ya sea al recoger sus frutos o al coger algunas de sus ramas para hacer una composición floral, siempre y cuando se trate de la clase “Thornless Evergreen”: ésta tal como su nombre lo indica, no tiene la gran desventaja de poseer espinas como la zarza común y mantiene la mayoría de sus hojas siempre verdes a lo largo de todo el invierno, incluso en climas fríos; con frecuencia, éstas tendrán leves tintes de color violeta que quedarán muy bien en los arreglos de otoño. Si desea unas decorativas ramas colgantes para una composición, puede usted coger algunas de zarzamora que alegrarán el conjunto con sus abundantes frutos…
Otra especie similar a la zarzamora, e igualmente bonita, es el frambueso (Rubus phoencolasius), de pedúnculos rojizos, vellosos y algo espinoso, que tiene hermosos ramilletes de pequeñas flores blancas y, más adelante frutos suaves y frescos de color rojo.
LOS FRUTOS NO COMESTIBLES Y LAS VAINAS DE SEMILLAS
Lógicamente, existen muchas variedades de frutos además de los comestibles, que se pueden incluir en un arreglo frutal. Inclusive las umbelas sin fruto, como las de sauco, pueden quedar muy bonitas y delicadas. También las ramas colgantes con vainas de semillas o con cápsulas, proporcionan un toque muy agradable en una composición.
LICOR DE MEMBRILLO
Tal como he dicho anteriormente, el membrillo es una fruta muy dura y, por lo tanto, se necesita una mano fuerte para cortarlo o rallarlo. Para preparar el licor, corte las frutas por la mitad, quíteles cuidadosamente todas las semillas, rállelas y colóquelas durante tres días en una botella tapada. Escúrralas después con una tela limpia hasta que ya no tengan más líquido; calcule aproximadamente cuánto zumo ha obtenido y agregue la misma cantidad de coñac. Incorpore entonces 150 g de azúcar por cada litro de este fragante líquido, un poco de canela, (uno o dos clavos de especia o algunas almendras a gusto) y déjelo reposar durante dos meses. Transcurridos éstos, quite las hierbas antes de envasarlo y almacénelo todo el tiempo que pueda. También se puede hacer jalea o mermelada de membrillo igual que con cualquier otra fruta.
FRUTOS AZULES, VAINAS AZULES
Cuando quiera hacer una composición muy especial en distintas tonalidades de azul, puede recurrir a la habichuela azul (Decaisnea fargesii), con decorativos ramilletes de flores verdes y hermosas vainas largas de color azul; a la Mahonia bealii, con sus atractivas frutitas de color azul grisáceo, o al Viburnum davidii, siempre verde y no demasiado alto (1 ½ m aprox.).

LAS HOJAS “FLORECEN” ANTES DE DESPEDIRSE
Cuando las hojas están a punto de abandonarnos en el otoño, parece que quisieran despedirse con su increíble gama de hermosas tonalidades… pero al mismo tiempo es una despedida que implica la promesa de volver. Es como si las hojas, antes de morir, intentaran causarnos un último impacto para hacernos ver que no debemos lamentarnos por la inminente desnudez de las ramas puesto que el próximo año estarán otra vez de regreso con los primero brotes de la primavera, las tonalidades maduras del verano y, nuevamente, la actual fiesta de colores.
Tales reflexiones hacen que uno, en lugar de sentirse triste por lo que va a ocurrir, logre disfrutar de lo que está sucediendo y celebre con coloridos arreglos la exuberante despedida de las hojas. Para ello se dispone de una extensa gama de colores: el rojo fuerte de las grandes ramas de arce con sus hojas amarillas o del serbal (Sorbus sargentiana), el dorado del Prunnus, las cálidas tonalidades del roble, los matices anaranjados de ocozol o árbol del liquidámbar (Liquidambar styraciflua), el amarillo pálido del tulipanero (Liriodendron tulipifera) y el color púrpura de la Rosa rubrifolia y del árbol de zarzamoras sin espinas.
La ornamental parra Vitis coignetiae, que crece vigorosamente, proporciona ella sola prácticamente todos los colores antes mencionados. Al igual que la planta del kiwi (Actinidia chinensis), es una excelente trepadora que rápidamente cubrirá cualquier pérgola de hecho, con el paso del tiempo, sus hojas forman una capa tan densa que hasta puede detener la lluvia suave de una tarde de verano.

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