Flores de otoño

EL VERANILLO DE SAN MARTÍN
Crear un “veranillo de San Martín” en otoño significa prolongar el verano con la ayuda de algunas de las numerosas flores que no tienen características verdaderamente otoñales.

Las violetas, por ejemplo, se cuentan entre ellos; la perenne Viola cornuta ofrece material para realizar pequeños arreglos durante un período muy prolongado y lo mismo ocurre con todas las variedades de margarita, tanto con la margarita silvestre o margarita menos (Bellis perennis) como con las variedades más grandes que de ella se cultivan. Asegúrese siempre de quitar las flores muertas de estas plantas para que puedan poner sus energías en producir flores nuevas y no en producir simientes, ya que son plantas con una poderosa necesidad de multiplicarse que, al no tener semillas para hacerlo, producen más flores (quizá con la esperanza de que sean ellas las que creen la simiente).
Las últimas flores de la temporada brotan, habitualmente, en las zonas más sombrías del jardín: la Cimicifuga daburica, que mide entre 80 cm y 1 m de altura, forma a finales del otoño unas “velas” de flores blancas; lo mismo ocurre con la Cimicifuga racemosa, cuyas ramas tienden a ser de tipo colgante; un poco más tarde aún, ya comenzado el invierno, florece la alta Cimicifuga ramosa, que alcanza a medir dos metros y produce unas inmensas flores que llegan a tener hasta 40 cm de largo. El panical o cardo corredor (Eryngium campestre), cuya tonalidad azul acero merece ser tenida en cuenta, constituye un elemento perdurable y muy bonito, tanto fresco como seco. La última en florecer de todas sus especies es la Eryngium zabelii, que tiene una ramificación muy abundante. Otra planta que perdura durante mucho tiempo es el cardo yesquero (Echinops ritro), cuyas flores azules de forma esférica se mantienen perfectamente en agua e incluso suelen conservar su particular color azul durante mucho tiempo cuando ya están secas. Las diferentes variedades de Polygonum, como la Polygonum aubertii, continúan creciendo durante mucho tiempo; algunas de ellas, como la Polygonum sachalinense, que alcanza los tres metros de altura, y la Polygonum cuspidatum, que es un poco más baja, florecen tardíamente. Ambas variedades dan flores blancas y son tan exuberantes que es muy fácil obtener de ellas pequeñas plantas nuevas; éstas crecerán en una sola temporada si se las coloca en un sitio en el que puedan echar raíces con comodidad, es decir, una ubicación en la que no queden cercadas por pavimento o por una construcción cualquiera. Asimismo, su abundancia de ramas permite cortar muchas de ellas para lograr un poco de verdor de verano o, incluso distribuir entre los amigos. También crecen muy bien en un tiesto ubicado en el balcón o en la terraza; de esta manera no alcanzan tanta altura pero llegan a crecer lo suficiente para atraer la atención de todos los vecinos.
Una planta injustamente olvidada es la Kirengeshoma palmata, que no sólo soporta una sombra mediana sino que además proporciona a principios de otoño unas preciosas flores amarillas, con formas de campanilla, cuyos pedúnculos llegan a medir hasta un metro de altura. También la Ligularia crece en el jardín con mucha facilidad. Una de sus variedades la Ligularia clivorum, posee unas hojas de tonalidad rojo cobrizo en su parte posterior e inflorescencias redondas y amarillas; otra de ellas la Ligularia przewalskii, da unas largas “antorchas” de pequeñas florecillas de color amarillo. Ambas resultan muy atractivas cuando están echando simientes. Muchas variedades de Sedum florecen tardíamente y continúan haciéndolo hasta perder gradualmente el color, un buen ejemplo lo constituye la hierba callera (Sedum telephium).

La Scutellaria incana, que mide entre 60 cm y un metro de altura, es también una especie poco conocida que produce flores de color azul pálido. Si se le proporciona un sitio soleado en el jardín, se podrá disponer de sus florecillas durante todo el verano.
El acónito (Aconitum), que se las arregla muy bien para crecer aun en la sombra, puede dejarse en la planta hasta bien comenzado el otoño y sólo entonces cortarlo; trate de conseguir el Aconitum napellus “Bressingham Spire”, una flor realmente bonita de color azul intenso.
Las conocidas verbenas, no muy resistentes, desafortunadamente, también continúan floreciendo una vez comenzado el otoño.
Aunque muchas de las variedades de verónica anuncian la llegada de la primavera, entre las más altas hay algunas que florecen tardíamente. Algunas de ellas son la Veronica exaltata, una variedad de color malva pálido que llega a alcanzar la increíble altura de 1,50 m, la Veronica longifolia, con flores de color lila, que llega al metro de altura, y la Veronica spicata, con flores de color azul intenso, que mide aproximadamente medio metro.
Existen también diversas variedades de Hosta que producen unos preciosos ramilletes de color lila ya muy avanzada la estación, especialmente si con anterioridad se le han quitado las vainas de semillas para algún arreglo y se ha estimulado así la producción de flores frescas. Otras de las plantas a las que debemos estar muy agradecidos en esta época es la Lavatera olbia “Rosea”, que produce sus enormes flores rojas con forma de campanilla, desde mediados del verano hasta muy avanzado el otoño y posee además abundantes hojas laterales ideales para arreglos pequeños. Esta planta, que tiene forma de arbusto, no es muy resistente pero, aun cuando las heladas la dañen, producirá brotes nuevos cada año, siempre y cuando esté situada en un sitio soleado y con alguna protección. Hay también una variedad anual, llamada malva real (Lavatera trimestris), con hermosas flores de color rosa cálido o violeta.
Existe otra planta llamada Astilbe “Finale”, con flores de color rosa liláceo, que tal como su nombre lo indica, son las últimas en florecer de estas plantas de sombra. Para realizar un arreglo gigantesco, se pueden utilizar el eupatorio (Eupatorium “Atropurpureum”), cuyas flores, de enormes pedúnculos de hasta 2,5 m de altura, se reúnen en umbelas de color carmín intenso o que, a medida que se van secando, se tornan de color rosa. Es una planta fuerte que se multiplica sola y que puede estar en el interior con muy poca luz, y cuyas flores, una vez cortadas, duran mucho tiempo en agua.
Las vainas de semillas, tanto verdes como maduras, quedan muy bien en los arreglos del “veranillo de San Martín”. Para obtenerlas, busque entre las diferentes variedades de flores plumosas de su jardín, como, por ejemplo, las Hostas, las espuelas de caballero, los acónitos (Aconitum) y otras plantas similares. No se olvide de la budleya, ya que sus variedades con flores plumosas como los híbridos de (Buddleja davidii) forman vainas de semillas muy bonitas.
Una especie anual encantadora que florece también tardíamente es la Tithonia rotundifolia o speciosa, llamada también girasol mexicano. Sus flores tienen el aspecto de un girasol pequeño de color rojo anaranjado o de una dalia simple. Desarrolla unas ramas muy fuertes. Hay también una variedad de color amarillo llamada Tithonia diversifolia.